05 junio 2015

"Como siempre, mal y tarde, me tienes aquí."

La idea era escribirte una carta, como siempre, pero se me ha ido la semana y llego tarde, como siempre, vaya. Menos mal que después de doce años me perdonas lo que sea. Y qué te voy a decir que no te haya dicho ya, probablemente me repita, pero quiero regalarte esto, porque lo hago poco y te lo mereces cada día.
El otro día en clase, haciendo un test, había una pregunta que decía algo como '¿cree que trata a sus amigos realmente bien?' Me hizo pensar que sí, pero podría hacerlo mejor, mucho mejor. Últimamente hablamos menos, estás con exámenes y tareas, y a mí se me da demasiado bien perder el tiempo y no encontrarlo cuando lo necesito, pero no pasa nada, vengo a intentar compensarte por todo eso y por no estar contigo hoy. Espero que estés sentada, porque pretendo ponerme muy, muy cursi.
Lo primero, felicidades por estos veinte años dando todo el follón que puedes, que se te da muy bien. Ojalá pudiera pasarlo contigo, pero es otro año más, que después de todos los que llevamos así, no importa mucho. Lo que sí importa, es que esto va a cambiar dentro de no mucho, en un año o dos estaremos juntas para celebrarlo bien, y prometo ser la mejor-peor amiga este día, seré la primera en tirarte de las orejas, te vas a despertar entre gritos, velas y arrumacos, e irás todo el día con miedo de que salga por alguna esquina cantándote y poniéndote una corona, una banda o algo. Y te prepararé fiestas sorpresa en nuestro acogedor pisito. Y sabes que Dani y yo somos capaces de esto y más, tú solo espera a que estemos juntos, que Madrid puede temblar con los tres. De veras que no puedo esperar el momento de poder hacer todo esto, y cada vez está más cerca, por fin. ¿Recuerdas todas las veces que lo hemos soñado? Va siendo hora de cumplir cosas y poner al destino en su sitio, que nos merecemos poder coger el metro, andar un poco o ir a la habitación de al lado para vernos, y no tener que esperar de un verano a otro.
Lo segundo, decirte que eres maravillosa y que no podría sentirme más afortunada de tenerte como amiga, como más, vaya, como una hermana. Creo que no soy la única que piensa así, estoy segura, de hecho, y creo que es necesario que recordártelo de vez en cuando. Si estuviera ahí, te daría capones cada vez que pensaras que eres aunque sea un poquititito menos increíble de lo que eres; de pequeña siempre te tenía envidia, siempre has sido tan abierta, tan directa y tan inteligente que quería ser como tú, y no miento. Siempre tenías algo que decir y que responder a cualquiera, aunque a veces tuviera que hacerte de escudo y hacerte ver las cosas. Es por algo que soy tu ancla. Y lo voy a ser siempre, porque no te imagino haciéndole caso a nadie cuando te quieran bajar de las nubes, ya bastante me cuesta a mí, pero lo haré siempre que lo crea necesario, con la condición de que me lleves contigo a dejarme ir un rato. Ojalá pudieras verte como te vemos nosotros, tan guapa, tan lista y con tantas ganas de comerte el mundo; lo orgullosa que estoy de ti y lo segura que estoy de que vas a conseguir absolutamente todo lo que quieras. No olvides esto nunca, porque aunque tú no lo creas, yo apuesto siempre por ti y sé que puedes con todo.
No me voy a olvidar tampoco de lo cabezota que eres y lo mucho que chocamos, no sé si por parecernos o diferenciarnos tanto; creo que me puedo acordar de cada pelea que hemos tenido, porque son las que más me han dolido siempre. Ahora ya no tanto, te voy a ser sincera, sé que nos podemos decir de todo a gritos y tirarnos los trastos a la cabeza, que acabaremos mirándonos, riendo y abrazándonos (y menos mal que tenemos a Dani para los casos extremos, pobrecito mío, que cruz tiene con nosotras), porque es lo que tienen las peleas entre hermanas, que duran lo justo para darte cuenta de la tontería e ir a ofrecer el helado de la paz. No dudo que nos vamos a pelear mil veces, y más si llegamos a vivir juntas, pero cuando seamos mayores y estemos en el asilo, nos reiremos de todo y no importará nada más.
Mi niña, una vez más, felicidades. Espero que tengas un día genial y lo celebres bien y con quien quieres. Y pronto los estaremos celebrando juntas.

Te quiero más que a nada en el mundo.

17 diciembre 2014

Dicen que si una amistad dura más de siete años, lo hace para siempre.

Según un estudio solo el 30% de los amigos que tenemos en un determinado momento estarán tras siete años para echarnos una mano si los necesitamos; y solo el 48% continuará a penas en nuestra red personal. Así que hay que valorarlos a todos durante el tiempo que estén.
Soy de la opinión de que las personas van y vienen a lo largo de la vida, unos están durante varios años y no aportan nada, otros llegan un día por sorpresa y al año se van de la misma manera dejando un vacío que no sabes si podrás llenar de nuevo. Pero, por supuesto, lo haces, antes o después, porque si se fue, es que no tenía que llegar contigo al final, por mucho que duela. La gente va y viene, se queda y te hace volar; se va y te hace caer, pero al final solo importa una cosa: 'los de verdad'. Y de eso vengo a hablar.
Hace a penas un año me di cuenta de que perdía a alguien que por aquel entonces era de lo más importante que he llegado a tener. ¿Sabéis esos amigos que su mera existencia os hace felices? Su sonrisa era mi luz diaria, sus buenos días me daban la vida, y los momentos juntos son sencillamente inolvidables. Pero se fue, pese a mis llantos e intentos, y quiero pensar que suyos también. Y dolió como si me hubieran arrancado una parte de mi alma, y duele, como la peor de las pesadillas sin su reconfortante abrazo que susurre que todo va bien. Y aunque fuera por un tiempo, yo pensaba, y creo, que era de los de verdad, pero no para siempre.
Por el contrario, hace media vida conocí a alguien que sin imaginarlo es la persona más importante de mi vida, familia a parte, obviamente. Hace, de hecho, más de media vida, vamos a entrar en el 2015, y van a hacer 12 años desde que entre agua caliente, inocencia y risas, conociera a la que ha sido, es y será el resto de mi vida, mi mejor amiga. ¿El resto de mi vida? Sí, rotunda y honestamente. ¿Sabéis, de nuevo, esos amigos que su mera existencia os hace felices? Pues ella es así, aunque viva a 400km. Es una relación complicada, desde luego: hay momentos en los que daría un brazo por solo un abrazo suyo, y hay momentos en los que la tengo al lado y nos queremos matar la una a la otra. Porque de eso se trata, de reír hasta llorar, y de llorar hasta acabar riendo; de pelear hasta no poder más, para parar un segundo antes de que todo se rompa y ver que sería imposible que ocurriera, porque ese lazo, esa unión es más fuerte que todo lo que pueda pasar o se pueda decir; porque ¿qué harías sin su sonrisa en un soleado día de verano cuando realmente nada más importa? Sin duda, estos dejarían de tener sentido después de toda una vida de recuerdos y momentos. ¿Qué harías sin la persona que te hace volar en un momento o te hace poner los pies en el suelo y abrirte los ojos antes de que caigas? Todo sería más fácil si estuviera todos los días, pero tal vez no habría llegado hasta hoy si no hubiera sido por la distancia, los reencuentros y las despedidas.
Luego están esas personas que aparecen, están ahí sin llamar la atención, pero pasan los años y su presencia se hace más notable, y llega un momento en el que han pasado dos, ocho años, y siguen ahí, con su sonrisa, sus abrazos y su forma de ver las cosas que te hacen pensar que vale la pena hacer las cosas si te salen de dentro, que tienes que disfrutar cada momento de tu vida como si fuera el último, y que no merece la pena andar peleando mientras tanto. Y un abrazo o una simple palabra suya es capaz de hacer maravillas; porque son de los de verdad, aunque no sepas cómo han llegado ni esperaras que se quedaran, y ahora no sabrías que hacer sin ese soplo de aire fresco.
Y con los que no te podrías llevar bien jamás, no soportas verlos ni tenerlos cerca, pero pasan cinco años y una semana sin verle es una semana perdida, por las conversaciones, los momentos, las cosas que no se pueden contar y las risas hacen que sean de los de verdad, y no los cambiarías por nada en el mundo.