Solo quiero recordarte algo, para cuando tengas nubes encima y no puedas ver las cosas con claridad.
Quiero recordarte lo maravillosa que eres: no he conocido nunca a nadie con tanta luz y con tantas ganas de brillar. Que desde que estás conmigo nunca has dejado que me faltara y me has llenado de vida con tus tonterías, tus gritos y tus ganas de todo. Incluso aunque tuvieras tus propias nubes encima, nunca te falta luz ni ganas de darle un poquito a quienes la puedan necesitar. Siempre en pie de guerra contra quienes nos hagan o nos hayan hecho daño y preparada para proteger a quien haga falta.
Que eres lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo, que no te haces una idea de cuánto te quiero y lo importante que eres. Y creo que puedo hablar en nombre de algunos más cuando digo que nos alegras la vida. Aunque nos gruñamos y nos quejemos la una de la otra, los hermanos se pelean constantemente y se quieren como nadie. Sabes lo que opino sobre las almas gemelas, que uno no tiene solo una en la vida. Y sabes que pensaba que había encontrado mi principal alma gemela, pero tengo que darte las gracias, por demostrarme que me equivocaba, que si alguna vez he estado o estoy en sintonía con alguien, no va a ser ni la mitad de real como lo es contigo.
Ojalá pudieras
verte como te vemos nosotros, tan bonita, con todas esas ganas de
comerte a la vida por los pies que hacen que los demás también queramos
hacerlo y nos creamos capaces de todo. Eso es lo que aportas y lo que
aportas, vida y ganas de vivir. Desde el gesto más pequeño a la locura
más grande que hayas hecho, aunque los demás te hayamos querido parar
los pies, todo lo que haces, lo haces de corazón, y no hay nada más
importante que hacer las cosas así: de la manera más pura posible.
Así que gracias, por todas estas cosas, por aparecer en el momento justo y no haberte ido incluso cuando has visto lo peor de mí. Por darme tanta luz y tanta vida, contagiándome tus ganas de vivir. Por hacerme tan feliz simplemente haciendo ruiditos. Por darme alas y hacerme libre, y por ser un hogar al que ir cuando el corazón y la cabeza me piden descanso. Me faltan vidas para decirte todo lo que tengo que decirte y hacerte ver todo lo que le has significado a este desastre que has ayudado a ordenar.
Y cuando me vaya, que tengas esto, que no olvides que te quiero, te adoro y te amo como a nadie en el universo. Que te voy a echar tanto de menos que me duele el alma, no lo dudes ni un segundo. Y que pase lo que pase, esté dónde esté, prefiero verte que ganar la guerra.
28 agosto 2018
26 abril 2018
Qué suerte quererte.
Qué suerte habernos encontrado, teníamos que hacerlo. Y podemos llamarlo como quieras, suerte, destino, universo o casualidad. Bendita casualidad de estar justo donde teníamos que estar al mismo tiempo, que empezáramos a hablar y te colaras en pleno caos hasta un rinconcito que hiciste tuyo sin que me diera cuenta. Qué caprichoso el destino que nos tenía la broma preparada y no supe verla venir, pero qué gracioso que todo empezara sin saberlo, aunque ya se oyeran voces. Y había que hacerles caso, claro.
Qué bonito que te quedases conmigo y me dieras tanta luz ante los demás, ante las cosas, ante mí misma, y que siguieras ahí por encima de cualquier cosa. Qué bien que eras mi mejor amigo y siempre has sabido quererme bien, dándome alas para volar en todos los sentidos y animándome a ello, haciendo palpable la seguridad de que hay un sitio al que volver y quedarme sin miedo.
Qué bonita también la impulsividad que nos lleva a hacer cosas sin sentido, siguiendo de la manera más pura al corazón, sin importar lo lejos que esté el motivo que lo hace latir. Que todo lo que hagamos siguiéndolo, estará bien hecho, me has dicho alguna vez. Y qué razón. Y qué suerte que lo escuché; qué suerte que llovió y no me viste aparecer.
Qué bien que nos llevara casi un año y ahora pueda ver tan claro que el camino nos estaba llevando justo a donde teníamos que estar. Y que en un segundo, mientras el mundo se paraba y giraba a nuestro alrededor, me llenara la certeza de que no podía ser de otra manera. Qué casualidad o qué oportunidad más bonita, ¿no crees? de que me conozcas mejor, de hacerte feliz, de que me quites los miedos, te bese las heridas y nos enamoremos sin parar. Qué suerte haberte encontrado, como si estuviera escrito, inevitable e imparable como una tormenta.
Y qué suerte que estemos aquí, qué suerte lo bien que ha salido todo, qué bien que seas el único motivo por el que no me jodería darle la razón a los demás. Qué suerte poder acompañarte en todo y ver lo grande que eres. Qué suerte que podamos ser grandes juntos y ser el empujón que nos falte en los días nublados. Qué suerte tenerte y que no me dejes caer. Qué suerte que me hayas quitado los miedos con cada beso y todo sea tan puro. Qué suerte estar enamorándome de ti. Qué suerte que seas tú. Qué suerte quererte.
Qué bonito que te quedases conmigo y me dieras tanta luz ante los demás, ante las cosas, ante mí misma, y que siguieras ahí por encima de cualquier cosa. Qué bien que eras mi mejor amigo y siempre has sabido quererme bien, dándome alas para volar en todos los sentidos y animándome a ello, haciendo palpable la seguridad de que hay un sitio al que volver y quedarme sin miedo.
Qué bonita también la impulsividad que nos lleva a hacer cosas sin sentido, siguiendo de la manera más pura al corazón, sin importar lo lejos que esté el motivo que lo hace latir. Que todo lo que hagamos siguiéndolo, estará bien hecho, me has dicho alguna vez. Y qué razón. Y qué suerte que lo escuché; qué suerte que llovió y no me viste aparecer.
Qué bien que nos llevara casi un año y ahora pueda ver tan claro que el camino nos estaba llevando justo a donde teníamos que estar. Y que en un segundo, mientras el mundo se paraba y giraba a nuestro alrededor, me llenara la certeza de que no podía ser de otra manera. Qué casualidad o qué oportunidad más bonita, ¿no crees? de que me conozcas mejor, de hacerte feliz, de que me quites los miedos, te bese las heridas y nos enamoremos sin parar. Qué suerte haberte encontrado, como si estuviera escrito, inevitable e imparable como una tormenta.
Y qué suerte que estemos aquí, qué suerte lo bien que ha salido todo, qué bien que seas el único motivo por el que no me jodería darle la razón a los demás. Qué suerte poder acompañarte en todo y ver lo grande que eres. Qué suerte que podamos ser grandes juntos y ser el empujón que nos falte en los días nublados. Qué suerte tenerte y que no me dejes caer. Qué suerte que me hayas quitado los miedos con cada beso y todo sea tan puro. Qué suerte estar enamorándome de ti. Qué suerte que seas tú. Qué suerte quererte.
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